A través del cristal veía mucha gente que Iba y venía con sueros y agujas pero sólo unas manos me acariciaban. Un día la luz se apago y no volvió. Fuera se oían explosiones. Sentí frío. Cuando llegó ella, note un cambio en su mirada. Me sacó de la urna y abriendo su ropa me ofreció su pecho desnudo . A la mañana siguiente, en la sala de prematuros, nadie se fijó en su cuerpo que seguía abrazándome ignorando las bombas.
viernes, 25 de marzo de 2016
viernes, 15 de enero de 2016
La mancha negra
Hoy he recibido la
mancha negra. Ha llegado sin previo aviso. No hay escapatoria.
Primero he sentido en la mano su tacto pegajoso y cuando, después de un rato, me he atrevido a mirar, un escalofrío me ha recorrido entera. Aun suponiendo que todo salga bien, esto es un aviso del principio del fin. La ilusión de que todo continuará igual eternamente, se ha roto de golpe.
Primero he sentido en la mano su tacto pegajoso y cuando, después de un rato, me he atrevido a mirar, un escalofrío me ha recorrido entera. Aun suponiendo que todo salga bien, esto es un aviso del principio del fin. La ilusión de que todo continuará igual eternamente, se ha roto de golpe.
Basta una mala
noticia de alguien cercano, para cambiarlo todo.
¿Por que pensamos
que no vamos a morir NUNCA? ¿Quién nos hizo creer
que podíamos escapar a nuestro destino?
La muerte es tan
real como la vida pero quizás ninguna de las dos sean únicas, sino que mas
bien, conformen juntas una parte de la obra, una sola
página del resto de nuestra historia en este y en otros mundos.
Y si así fuese,
¿malgastaríamos de la misma forma nuestro tiempo sabiendo que aún nos queda
mucho para poder experimentar? ¿seguiríamos sufriendo y lamentándonos de
nuestra suerte? ¿nos maltrataríamos igualmente ya que habría otras vidas
nuevas para volver a empezar? ¿Qué sentido tendría hacerlo? ¿El placer de
contentar una y otra vez nuestro propio yo a costa de no explorar mas allá
del límite de la comodidad que cada cual se permita?
Es fácil vivir sin
pensar hasta que nos llega una mancha negra. Si esta no se hace muy grande y
acaba con nosotros, cabe la posibilidad de olvidarla aunque, tarde o
temprano, siempre vuelve.
Mientras me
preparo para vivir este momento de la forma mas consciente posible sin huir,
con optimismo y abriendo mucho los ojos para aprender de ese ser querido que
podría ser yo - siento que ya lo soy- abro la mano y dejo caer su contenido .
La mancha se diluye entre mis dedos. No hay luz sin sombra ni pintor que se
conforme con una sola obra. Todo vale cuando se le da un sentido.
Vivir coloreando
permanentemente lo que eres y lo que tocas es un gran reto pero es
también la única forma de pintar algo por ti mismo.
miércoles, 13 de enero de 2016
No sé si podré
No sé si podré, dijo el baturro a sus amigas mientras intentaba
organizar el año.
Estaba con la cabeza en cualquier lado. ¿Escribir? ¿Qué
ostias? Las tareas domésticas, el tiempo, las obligaciones y el medioambiente,
la familia política y la económica, los mapas y los aviones, las consecuencias
de la juventud desordenada y el neurotransmisor que nunca funcionó bien. ¿Cómo
hacerse un hueco en la agenda para poder escribir con amigos?
Los minutos eran meses entre los copos de nieve imaginarios
que aparecían por la ventana después de ver el tiempo en el Diario de Navarra.
¡Maite tiene razón! La columna de la prestigiosa columnista y poetisa le hacía
rever su actitud ante la vida, el baturro estaba enlodado, tapado de
excrementos y aun así era capaz de reaccionar y replantearse y apuntarse y
esperar su turno para poder, una vez más, formar parte del grupo de aprendices
de mago, de prestidigitadores de las letras.
Con la idea en la mente, se puso a escribir como un poseso y
al lunes siguiente fue en persona a presentar sus respetos. Maite, sorprendida,
le dejó pasar.
Pernando Gaztelu
sábado, 12 de diciembre de 2015
Cóctel de juventud.
Manuela, describiendo una suave curva sobre su carrito de flores,
mucho mejor que esos aparatos que venden en las ortopedias para inválidos,
recorre con estilo la calle.
Un tornado se llevó hace tiempo el color de su pelo negro dejando
apenas unas hebras grises aquí y allá. Solo quedó intacto su atuendo de diario:
vestido de lunares blancos sobre fondos de color variable, generalmente oscuros
y unas zapatillas de loneta y goma amigas de sus juanetes.
Acelga, huevos, patatas y un poco de chocolate. Giran las
ruedecillas bajo el peso de la anciana que se deja llevar.
Suena el móvil que lleva colgado al cuello con una cinta rosa.
_¿Cómo voy a estar? Que no, que no me pongo el audífono. Ya te
dije que me revienta los tímpanos. Si, ya me cuido hija, no te preocupes.
Mientras habla con ella, no consigue recordar la cara de su única
hija que, como tantas otras caras jóvenes, se han ido perdiendo en algún
recoveco de su mente. Sin embargo, las viejas de su edad ahí están , siempre
presentes , tan resecas como momias.
Antes de llegar al portal no sabe por qué se ha acordado de Julián
y no ha podido evitar pasar por la cafetería del parque, esa donde desayunaban juntos
los domingos mientras hacían tiempo en los días soleados sobrados de horas.
A través de los grandes ventanales de plástico oían el griterío infantil e intuían
a los niños tirados por el suelo junto a sus padres de brazos cruzados y
armados de paciencia.
Tomaban chocolate con churros. Delicioso. Le sentaba tan bien que
estaba convencida de que le rejuvenecía. Antes de irse ella tenía que avisarle
siempre porque Julián era capaz de ir
por ahí con el pegote de chocolate en la barba.
El hablaba poco pero su presencia la abrigaba.
La taza que el camarero ha dejado sobre la mesa, le devuelve al
aquí y ahora tan bruscamente que se marea. El café le sabe amargo y de pronto
siente frío.
Al salir del invernadero de mesas y sillas, pasa junto a los niños
del parque. Son sólidos y vibrantes . Apenas se dan cuenta de su presencia pero
se quedan mirando unos segundos las ruedas de su carrito floreado mientras Manuela
se aleja flotando entre la neblina de una tarde cualquiera.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Fuera de órbita
Llueve chatarra cósmica.
¿Que esperabais?
Toneladas de porquería orbitan sobre nuestras cabezas tan pesadas como los pensamientos que un día las
generaron. Energía negativa lanzada al espacio en forma de odio, guerra, sangre
y otra vez odio , guerra y mas sangre…
Cualquiera puede creer que son otros los
culpables, los que contaminan con su mal hacer, con su intransigencia , con sus
ideas tan equivocadas como diferentes de las nuestras; otros, los que se
equivocan…
Durante siglos construimos
nuestro particular Apolo, pieza a pieza, de la mas grande a la mas pequeña e insignificante.
Todas fueron necesarias. Cada cual fue colocando la suya y casi sin darnos cuenta, lo pusimos en órbita.
Y aunque nos engañemos pensando que no
tubo ninguna importancia aquella vez que hicimos daño a alguien para conseguir “ser
mas” o aquella otra, cuando no supimos decir "no" a quien abusaba de otro, en
realidad, si la tuvo y ahora está a punto de caernos encima.
Irak, Libano, Siria…Paris, no están tan
lejos en el universo.
De tanto buscar lo que nos diferencia en
lugar de lo que nos une, hemos hecho aumentar la gravedad del planeta. Ya nadie
se conforma con ser quien es. Seres, comunidades, culturas, todas únicas e
irrepetibles buscan unirse en y contra la diferencia. Hoy, paralizados por el miedo , reaccionamos como siempre, destruyendo, en lugar de ponernos a construir una nueva nave echa de respeto , capaz de explorar el universo hasta el infinito y mas allá.
No estaría mal que cuando Apolo, termine de caernos encima , nos enteremos por fin de
que va esto.
Al menos que aprendan los que vivan para contarlo
martes, 3 de noviembre de 2015
LUISA, LA TIA HIPÓCRITA (primera parte) - Por Mª Pilar Beorlegui Bariain
Hace media hora estaba
rebosante de satisfacción: en sólo una semana he logrado la venta de tres
coches, aunque la guinda ha sido el último, un Audi9 última generación. Esto
podría valerme el nombramiento como Jefe de Ventas por parte de Enrique, el
director del concesionario, ante las caras verdes de envidia de mis compañeros
Claudio y Damián...Podría, digo, de no ser por la inoportuna llamada de Merche,
mi cuñada. En ella me informa que, por fin, puedo hacer realidad el gentil
ofrecimiento que le hice a Oscar, su hijo, mi sobrino, de uno de mis riñones y
que debo ingresar en La Paz de inmediato.
¡Qué contrariedad!
Una vez llegada allí,
Carmen, la enfermera, me conduce a la sala número 4.
- Aguarde ahí, con sus compañeros,
hasta que se les llame. -y se retira.
Ante mi estupor,
encuentro a Roberto, novio de Amaya, amiga de Merche, un joven de buena
presencia, lo admito, pero que no me cae bien, porque es un oportunista que
pretende sacar tajada de todo. De hecho, me temo que vaya con Amaya porque su
padre tiene más pasta que un torero, así que barrunto que si está aquí es por
sacar una respetable ganancia.
También está Patricia, tía de Oscar, pero por la otra
parte, es decir, de la de Merche, y no de Antonio, que es mi hermano. Y esta
repelente y puntillosa metomentodo ¿qué pinta aquí? Si nunca le he visto menear
un dedo por nadie ni fregar un plato, eso sí, tiene la manía de comer con
cubertería de plata, porque se la friega la muchacha. ¿Acaso pretende dar instrucciones
de cómo he de comportarme antes de que me rajen?
- Buenos días,- saludo a
mis dos interlocutores, que me miran de arriba abajo.
- Buenos días - me
responden esbozando una forzada sonrisa, cada cual a su estilo.
- Y a vosotros ¿qué os
trae por aquí?
- Pues lo mismo que a tí,
Luisa. Donar nuestro riñón para Oscar - suelta Patricia con socarronería-
- ¿Cómo? ¿Vosotros dos
también?
- En principio somos tres
- dice Roberto-, pero también ha sido llamado Carlos. Lo que ocurre es que se
ha marchado porque le han llamado urgentemente del banco de sangre.
¡El que faltaba! me digo
en el colmo del asombro. He visto revolotear a este tipejo en todas ocasiones
habidas y por haber en casa de mi cuñada. ¿Qué busca Carlos ? ¿Por qué Merche
es tan estúpida de contar con este don nadie en una circunstancia así? Aunque
tampoco me explico que cuente con los otros dos...
En ese momento, entra
Carmen, la enfermera, que anuncia:
- Señoras y caballero: Ya
saben que Oscar necesita el riñón, y el chico espera ingresado en una de las
plantas para hacer las pruebas pertinentes antes de proceder al implante. En
cuanto a Udes., el hospital estima y así
se lo pedimos a Merche en su día que era
conveniente que hubiera más de un donante. Por eso están Udes. aquí,
incluso el caballero que marchó a toda prisa, quien ha asegurado que mañana
contemos con él. Sí. Mañana mismo Udes. deben comparecer a las ocho de la
mañana aquí en ayunas, porque tendrá lugar una analítica, que es la que
revelará quién va a ser el donante de Oscar. Por la tarde se le practicará la
extirpación. Muchas gracias a todos.
Los tres nos miramos
perplejos. Mis interlocutores, al igual que yo, guardan silencio. Carmen
sonríe, porque lee el pasmo en nuestra cara, y trata de animar:
- Vamos, vamos. Estoy
segura de que Merche estará muy contenta al saber que los cuatro hayan llegado
hasta aquí, sin mediar excusas. A mi me llena de orgullo contar con personas
como Udes. Les propongo que cenen ligero, se tomen una tila y traten de
descansar lo mejor posible.
La muy cretina, lo suelta
como si tal cosa... ¿Acaso puede estar alguien tan feliz sabiendo que le van a
quitar algo tan importante como un riñón? Por algo está el dicho: cuesta un
riñón. Lo que pasa es que fuí imbécil el día de Reyes, cuando al ir a merendar
el rosco, no llevé nada con qué obsequiar a mi ahijadito del alma. Y y cuando
ví su cara interrogante de quince años, no supe qué argüir: "hombre,
Oscar, tú eres mayorcito para juguetes, pero mira, el mejor regalo es una parte
de tu tía: te asigno uno de mis riñones para cuando te llamen, cielo" le
dije con voz temblorosa, ante su sonrisa angelical y la lagrimita de Merche. Y
claro: tenía que llegar el día.
Salimos todos. Nos
despedimos con una forzosa cortesía y quedamos en vernos a la mañana siguiente.
Ya sola y en el coche, me digo una y mil veces que no, que no quiero hacerlo.
No quiero desaprovechar la magnífica oportunidad que tengo en el trabajo, y me
niego a tirarla por la borda. Hay tres riñones más, y tengo que echar el resto
para que desechen el mío. Mi tabla de salvación es la analítica. Así que voy a
informarme sobre los requisitos para que salga desbaratada.
Efectivamente. Ya sentada
ante mi ordenador, descubro con alborozo que una diabetes o un azúcar sumamente
alto es causa para no poder ser donante de riñón. Así que me voy al súper de
abajo, me compro dos bandejas de pastelitos, seis cocacolas y dos tabletas de
chocolate. Me doy un banquete suculento, saboreando de antemano el estrepitoso resultado de mañana... Y ahora
sí, me duermo tranquila.
Llega la mañana. Son las
seis y media. ¡Cuanto me ha costado
conciliar el sueño, por culpa de las cocacolas, pero ya hacia las dos me
dormí de un tirón. Tengo tiempo. Tengo
una sed de camello, pero no pienso beber ni gota, no sea que el agua reduzca el
nivel de azúcar que debo tener. Aunque me siento rara ¿no me dará algo? Espero
que no, pero por si acaso, tomaré la precaución de coger un taxi y no ser yo
quien conduzca. Me ducho y me pongo un conjunto discreto pero elegante. Me
maquillo sin prisa y trato de atenuar las terribles ojeras que observo. Aun me
queda un tiempo. Escucho la radio, a Carlos Herrera y me disipo... Hasta que me
doy cuenta de que son las siete y cuarto. Llamo al taxi. Bajo y aparece en dos
minutos.
Ya estoy en la sala de
ayer. Al tiempo aparecen los otros tres citados. Esta vez saludo a Carlos, a
quien ayer no ví. Este se muestra efusivo,
como si fuese el alma de la fiesta, si a esto se le puede llamar tal.
Roberto le mira con cierta frialdad. Patricia suspira con dramatismo. Al final,
entra una enfermera y anuncia que ella es la encargada de sacar sangre. Yo soy
la segunda. Pero los cuatro aguardamos, hasta finalizar el proceso.
continuará...
Mª Pilar Beorlegui Bariain
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