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viernes, 29 de mayo de 2015

REBELION EN LA HUERTA. Capítulo I.



Con todo el calor de las cuatro de la tarde, la pequeña mariposa apenas puede con sus alas ; revolotea de las judías verdes a las lechugas, de las lechugas a los pepinos, de los pepinos a las cebollas y por último se posa en un enorme tomate maduro.
La mano de Gertrudis adornada con uñas de color azul avatar, lo recoge con cuidado y lo coloca en la cesta repleta que Faustino lleva colgada del brazo.
_ ¡Fausti! , ¿estas ahí?
Una voz chillona llega hasta ellos antes que el sonido de unos tambaleantes pasos.
_Aleluya, aleluya cada uno con la suya-murmura Faustino al ver aparecer, entre las hileras de judías, una cabellera blanca y unos ojos que le miran embelesados.
-Aquí estoy, Cándida.
Gertrudis se vuelve  hacia la recién llegada con otro enorme tomate en la mano.
-¿Qué tal la siesta?
-Muy bien, hemos tenido tiempo para todo. ¿Verdad cariño?-responde Cándida mirando coqueta a Faustino.
La chaqueta color lila sobre el camisón blanco harían un bonito conjunto de no ser porque están del revés.
Faustino  le guiña un ojo cosa que la anima a acercase aún mas y colgársele del brazo que le queda libre.
Gertrudis sale del bancal con los surcos de la cara brillantes de sudor, se limpia las manos en la bata y guarda las tijeras en uno de sus bolsillos floreados.
_Creo que ya tenemos bastante por hoy. ¿Volvemos?
Los tres caminan despacio hacia el edificio pero Cándida revolotea a su alrededor con mas energía de la necesaria en un día tan caluroso.
Al llegar al porche el trío se detiene. El toldo de rayas blancas y amarillas , en la parte baja del edificio de dos plantas, proyecta una sombra perfectamente calculada para las 10 sillas de ruedas tan bien alineadas que parecen un desfile de sidecares de guerra. Apoyada en una de las sillas, Blanca, con  un uniforme tieso haciendo honor a su nombre y carácter y un gesto de hemorroides crónicas que espanta grita:

-¡A comer! Venga, no me hagáis lo de todos los días.

Pasan unos segundos en los que nadie parece haberse percatado de su presencia.
Blanca era meticulosa en su trabajo. El repaso diario tenía que ser exhaustivo, no estaba dispuesta a volver a perder a otro residente como el año pasado. Menos mal que Cándida apareció al fin en la caseta de herramientas.

En el otro extremo del huerto, junto a la tapia, una calabaza enorme yace en el suelo abrazada por un hombre con gorra blanca y chándal marca decathlon.
-¡Eusebio! ¡Vamos, que es para hoy!
Gertrudis se dirige hacia la enfermera con cara de buena después de dejar caer unos cuantos improperios en voz baja.
-Ya vamos, estábamos cogiendo unos tomatitos para la ensalada.

Cuando Blanca, con un gesto profesional acciona el mando del freno de Serafina, comprueba que esta se le ha adelantado y está ya en posición de arranque mirándola desafiante. El negro de su atuendo contrasta con el blanco sanitario y por unos segundos las dos mujeres parecen una pareja de novios en plena disputa que terminan por reconciliarse entrando en el edificio de “Los Girasoles”.

En el comedor , cada una de las diez mesas amarillas  custodiadas por columnas y paredes del mismo color, agrupan a cinco ancianos a su alrededor. Hay un murmullo de voces lentas mientras Faustino reparte en cada una de ellas un plato de tomate en ensalada , aún calientes por el sol, hasta completar una imagen castiza en la sala.
Al contrario de lo que desearía , sus compañeros no reciben con muestras de alegría tal exuberancia culinaria y estética sino que todos dirigen su atención hacia la entrada.
Ester ha llegado y se ha detenido en el centro del comedor.
_Por favor señores y señoras, escúchenme un momento. Antes de que empiecen a comer quería anunciarles una novedad, un nuevo servicio para el centro que creo mejorará enormemente su calidad de vida.
Tras una pausa, conseguida la atención de la mayoría de los ancianos, la directora anuncia sonriente:
_Se trata de la instalación de una piscina de hidroterapia.
Tras unos segundos de silencio, las cuidadoras inician unos tímidos aplausos secundadas desde las mesas por algunos residentes, mas por imitación que por iniciativa propia.
Faustino, que todavía no se había sentado en su mesa, levanta una mano tímidamente mientras piensa con temor que el traje de chaqueta  gris que viste hoy la directora, augura un mal presagio.
_¿Y donde la instalarán?
En una de las mesas están sentados Eusebio, Gertrudis, Serafina y Cándida todos mirándole expectantes.
_Donde está ahora el huerto. Por supuesto, habrá que prescindir de el, pero estoy segura de que el nuevo servicio les compensará con creces.

Sentado en su cama, Eusebio mira las pantuflas de piel marrón de Faustino moverse de un lado a otro con paso marcial mientras Gertrudis , su mujer, vigila la puerta entreabierta de la habitación de matrimonio.
_Ya viene. Estamos todos.
Cándida llega nerviosa, localiza con la mirada a Faustino y se queda a su lado escuchándole con atención.
_Bien, conservemos la calma-la mente creativa de Faustino se pone a funcionar. _Está claro que tenemos que buscar una estrategia.
Serafina desde su silla de ruedas deja de hacer repaso a la mesita de noche de Gertrudis, en la que no caben mas botes de abalorios de colores, e interviene:
_Ya, y ¿qué pueden hacer cinco ancianitos contra una directora Master en psicogeriatría?
_No se.. hay que estudiar el proyecto-las pantuflas de Faustino se mueven ahora de un lado a otro con pasos cortos-buscar sus puntos débiles-se detienen- y .. ¡atacar!
_¡Que bien hablas, cariño!-grita Cándida aplaudiendo sin quitarle ojo.

Eusebio sigue sentado en la cama cabizbajo hablando a un manojo de fotos de calabazas en distinto estado de crecimiento.
_Quedaba tan poco para conseguirlo.. la había criado como a una hija.
Gertrudis le observa preguntándose de dónde le vendría a su marido tal afición por las verduras.
_¿Y si votamos?-propone.
Serafina se da media vuelta para ponerse frente a su amiga impulsando enérgicamente el aro derecho de su silla.
_¿Para qué si estamos todos de acuerdo?
_Gertrudis tiene razón-de nuevo las pantuflas vuelven a caminar por la habitación a ritmo militar-hay que conseguir que todos los residentes se pongan de nuestra parte.


En la sala común hay 18 residentes sentados en círculo y en el centro Rosa, vestida con su uniforme de enfermera sobre el que destaca un collar de cuentas de colores, sujeta en la mano una pelota.
_A mi me gusta….¡jugar!
La pelota va de las manos de Rosa a las de Serafina que la recoge con la habilidad de una jugadora de la NBA.
_Que juego mas tonto, Dios.
_¡Venga, Serafina!- le anima Rosa .
_A mi me gusta…ganar al chinchón.
La pelota está a punto de caer de las manos de Cándida que sorprendida la abraza como si fuese un gatito, busca con la mirada en el círculo y la lanza diciendo
_A mi me gusta…Faustino.
Faustino la atrapa y le devuelve la mirada sonriente. Serafina, a su lado, le da un codazo y se acerca para cuchichear.
_¿Cuando piensas decirle que no eres su marido?
_Déjala mujer, si le hace ilusión…

En el centro del círculo, Rosa mira el reloj.
_Faustino, le toca a usted. Díganos, que es lo que mas le gusta.
Después de hacer un barrido pasando revista a los diecisiete ancianos que le rodean, cosa que le desanima un poquito, Faustino consigue recuperar el temple para decir, mirando primero a Rosa , antes de lanzar la pelota a Félix:
_A mi me gusta cuidar la huerta y propongo que votemos.
_Pero, Faustino.. eso es una decisión de la dirección-le dice Rosa poco convencida.
Félix se pone de pié y empieza a votar la pelota en el centro del círculo.
_No, Félix. Es una votación : Huerta o piscina, le aclara Faustino que empieza a pensar que la batalla está perdida.
_ Ahh…pues yo me apunto a la huerta, el agua para las ranas.

La pelota está ahora en las manos de Gregoria que se la pasa a Carmelo antes de alejarse del grupo diciendo:
_Lo siento, tengo una urgencia.
Todas las miradas están clavadas ahora en Carmelo, pasan unos segundos eternos hasta que este pronuncia la palabra temida:
_Piscina.
La pelota vuela ahora hasta las manos de Bonifacia que apenas puede mover los brazos enfundados en un jersey de cuello alto, una bata acolchada y un abrigo de paño que se completan con una falda hasta media pierna, leotardos y unas zapatillas forradas de borreguito.
_Pero, la piscina será de agua calentita ¿no?
Rosa que hasta ahora no había intervenido por encontrarse en un estado mezcla de sorpresa y miedo a tener que sofocar una rebelión, le responde mas animada:
_Claro, Boni, a unos 35  grados.
_Entonces, voto piscina.
Faustino se levanta excitado arrebatándole a Rosa el papel de animadora a la que piensa, no le vendrían  nada mal algunas ideas  nuevas en su programa.
_Bueno, repasemos la votación a mano alzada. ¿Votos para la huerta?
Siete manos se levantan a las que se une la de Cándida unos segundos mas tarde después de recibir un codazo.
_¿Piscina?
La voz de Faustino suena un tono mas bajo ahora.
Ahora son nueve manos las que se alzan en el momento en que vuelve Gregoria del baño.
_Solo faltas tú, Gregoria- le suplica Faustino.
_No me gustan los empates así que voto… piscina.
Rosa aliviada, se dirige a Faustino que esta junto a ella en el centro del círculo con la mirada clavada en la pelota.

_Lo siento, mitad mas uno.  Gana la piscina.







jueves, 28 de mayo de 2015

Dragones y princesas

La tarde es apacible con ese encanto que el otoño ofrece y que invita a recogerse, parar y meditar. La madre camina despacio pero con cada paso intuye que algo no va bien.Al fondo del parque la atracción desentona inquietante envuelta en colores agresivos y luces parpadeantes.La niña sin embargo, no lo siente así. Colgada de la mano adulta, hipnotizada, se acerca con pasos cortos y la mirada fija en una fila de vagones parados.Junto a la plataforma esta la taquilla, una diminuta caseta decorada con la figura desproporcionada de una princesa que alberga a una también diminuta señora de edad indeterminada con atuendo y cabello negro recogido en un moño.La niña mira a su madre implorante y la madre mira a la señora que mantiene un gesto de apatía  encerrada en su casita de colores, como si estuviese allí sólo para evitar que alguien se aventure a emprender el viaje.El dragón de oro, bajo un rótulo de letras gigantescas, espera tranquilo que la niña termine de convencer a su madre.-Un viaje mamá, por favor!Desde su refugio, los ojos oscuros miran el billete con indiferencia  mientras unas manos diminutas empujan una ficha color fucsia. La niña no puede apartar la vista de la princesa dibujada en la casita .-Vamos, mama!La maquina empieza a funcionar y el ruido de sus engranajes derrota al suave sonido del viento haciendo remolinos con las hojas caídas.La madre ve alejarse con angustia la rubia cabellera de su hija engullida por el dragón y en ese mismo instante descubre que en la casita , la señora también la sigue con la mirada.La taquillera no sabe en que momento descubrió que la princesa no era tan bella y que jamás encontraría un dragón dorado.No sabe cuando salió de la boca del dragón y siguió dando vueltas sin fin convertida en esposa, madre, trabajadora, madre, trabajadora....De pronto el dragón se detiene.- Otra vuelta mama!Las dos mujeres se miran . ¿Cuantos minutos, años, vidas..han pasado?-No cariño, otro díaEl viento vuelve a hacer remolinos en el suelo mientras madre e hija se alejan y la taquillera desaparece en su casita de princesa.

domingo, 22 de febrero de 2015

Prueba de amor


En el andén del metro ella mira el teléfono y lo guarda en el bolso. Bien. Tal y como acordaron, ni un whatsapp en siete días.
El no quería ser uno de esos que salen en las noticias que asesinaban a sus parejas por celos, estaba seguro de que su amor podía perfectamente aguantar una semana sin ningún tipo de contacto.
De pronto ella recuerda que ha olvidado el billete y se apresura de vuelta a casa. No quiere perder este tren.
Se imagina a sus padres esperando en el banco de la estación del pueblo, habrán llegado hasta allí en taxi  y esta será su única salida del año, sin contar las visitas cada vez mas frecuentes al médico de ambos.
Hace tiempo que su madre dejó de ir a la peluquería, mas que nada por no tener que escuchar el parloteo de la peluquera y los chismes de vecinos que nada le interesaban y a su padre, rara vez se le veía por el pueblo fuera de su cita habitual para comprar el pan y el periódico.
Los años tan solo dejaron huella en sus cuerpos ahora viejos y cansados pero seguían siendo tal y como los recordaba de niña, callados y solitarios como ella.

Sobre la mesa de la entrada está el billete, lo coge y echa un último vistazo al pequeño apartamento en el centro de Madrid que empieza a ser su nuevo hogar. Desde que le conoció, un aire nuevo había comenzado a moverse por su apolillada vida. Los colores, el mobiliario, fotografías de nuevos paisajes descubiertos juntos…
Estaban a punto de dar el paso definitivo y tan solo quedaba la presentación a la familia.
Solo habían pasado dos días desde el inicio de la prueba y el piso con el vacío de él,  se le venía encima así que aprovecharía esta semana para visitar a sus padres y contarles la noticia.
Le hubiera gustado que el lo supiera pero así lo habían acordado y no sería ella la que rompiera el pacto.
Cogió el billete y salió . Llegó a solo un minuto de la salida del tren. Tuvo que gesticular y alzar la voz mas de lo que se había permitido nunca frente a la azafata pero lo consiguió.
Frente a su asiento una sensación extraña le paralizó por un momento. Volver a ver a sus padres le producía al tiempo que ternura, cierto desasosiego.
Estaba anocheciendo. Por la ventana del tren ella ve pasar los campos de Castilla mas deprisa que nunca y piensa que es el ritmo perfecto para definir su vida en este momento.
En su bolso nota la vibración del teléfono. Se alegra de que no sea el y al mismo tiempo siente temor. ¿Y si nunca le vuelve a llamar?
¡Que tontería!
Llevaban saliendo ya seis meses y todo marchaba sobre ruedas. Nada podía estropearlo, ni siquiera sus padres.
Ellos llegaron puntuales a la estación pero el tren no, asi que ese año hicieron una salida mas de las previstas. No llamaron a nadie porque a nadie había que llamar pero acudieron al entierro el panadero y algunos vecinos que se habían enterado por la peluquera del descarrilamiento del tren procedente de Madrid.