Con todo el calor de las cuatro de la
tarde, la pequeña mariposa apenas puede con sus alas ; revolotea de las judías
verdes a las lechugas, de las lechugas a los pepinos, de los pepinos a las
cebollas y por último se posa en un enorme tomate maduro.
La mano de Gertrudis adornada con uñas de
color azul avatar, lo recoge con cuidado y lo coloca en la cesta repleta que Faustino
lleva colgada del brazo.
_ ¡Fausti! , ¿estas ahí?
Una voz chillona llega hasta ellos antes
que el sonido de unos tambaleantes pasos.
_Aleluya, aleluya cada uno con la suya-murmura Faustino al ver aparecer, entre las hileras de judías, una cabellera blanca y
unos ojos que le miran embelesados.
-Aquí estoy, Cándida.
Gertrudis se vuelve hacia la recién llegada con otro enorme
tomate en la mano.
-¿Qué tal la siesta?
-Muy bien, hemos tenido tiempo para todo.
¿Verdad cariño?-responde Cándida mirando coqueta a Faustino.
La chaqueta color lila sobre el camisón
blanco harían un bonito conjunto de no ser porque están del revés.
Faustino le guiña un ojo cosa que la anima a acercase aún
mas y colgársele del brazo que le queda libre.
Gertrudis sale del bancal con los surcos
de la cara brillantes de sudor, se limpia las manos en la bata y guarda las
tijeras en uno de sus bolsillos floreados.
_Creo que ya tenemos bastante por hoy.
¿Volvemos?
Los tres caminan despacio hacia el
edificio pero Cándida revolotea a su alrededor con mas energía de la necesaria
en un día tan caluroso.
Al llegar al porche el trío se detiene. El
toldo de rayas blancas y amarillas , en la parte baja del edificio de dos
plantas, proyecta una sombra perfectamente calculada para las 10 sillas de
ruedas tan bien alineadas que parecen un desfile de sidecares de guerra.
Apoyada en una de las sillas, Blanca, con
un uniforme tieso haciendo honor a su nombre y carácter y un gesto de
hemorroides crónicas que espanta grita:
-¡A comer! Venga, no me hagáis lo de
todos los días.
Pasan unos segundos en los que nadie
parece haberse percatado de su presencia.
Blanca era meticulosa en su trabajo. El
repaso diario tenía que ser exhaustivo, no estaba dispuesta a volver a perder a
otro residente como el año pasado. Menos mal que Cándida apareció al fin en la
caseta de herramientas.
En el otro extremo del huerto, junto a la
tapia, una calabaza enorme yace en el suelo abrazada por un hombre con gorra
blanca y chándal marca decathlon.
-¡Eusebio! ¡Vamos, que es para hoy!
Gertrudis se dirige hacia la enfermera
con cara de buena después de dejar caer unos cuantos improperios en voz baja.
-Ya vamos, estábamos cogiendo unos
tomatitos para la ensalada.
Cuando Blanca, con un gesto profesional acciona
el mando del freno de Serafina, comprueba que esta se le ha adelantado y está
ya en posición de arranque mirándola desafiante. El negro de su atuendo
contrasta con el blanco sanitario y por unos segundos las dos mujeres parecen
una pareja de novios en plena disputa que terminan por reconciliarse entrando
en el edificio de “Los Girasoles”.
En el comedor , cada una de las diez mesas
amarillas custodiadas por columnas y
paredes del mismo color, agrupan a cinco ancianos a su alrededor. Hay un
murmullo de voces lentas mientras Faustino reparte en cada una de ellas un
plato de tomate en ensalada , aún calientes por el sol, hasta completar una
imagen castiza en la sala.
Al contrario de lo que desearía , sus
compañeros no reciben con muestras de alegría tal exuberancia culinaria y
estética sino que todos dirigen su atención hacia la entrada.
Ester ha llegado y se ha detenido en el
centro del comedor.
_Por favor señores y señoras, escúchenme
un momento. Antes de que empiecen a comer quería anunciarles una novedad, un
nuevo servicio para el centro que creo mejorará enormemente su calidad de vida.
Tras una pausa, conseguida la atención de
la mayoría de los ancianos, la directora anuncia sonriente:
_Se trata de la instalación de una
piscina de hidroterapia.
Tras unos segundos de silencio, las
cuidadoras inician unos tímidos aplausos secundadas desde las mesas por algunos
residentes, mas por imitación que por iniciativa propia.
Faustino, que todavía no se había sentado
en su mesa, levanta una mano tímidamente mientras piensa con temor que el traje
de chaqueta gris que viste hoy la
directora, augura un mal presagio.
_¿Y donde la instalarán?
En una de las mesas están sentados
Eusebio, Gertrudis, Serafina y Cándida todos mirándole expectantes.
_Donde está ahora el huerto. Por supuesto,
habrá que prescindir de el, pero estoy segura de que el nuevo servicio les
compensará con creces.
Sentado en su cama, Eusebio mira las
pantuflas de piel marrón de Faustino moverse de un lado a otro con paso marcial
mientras Gertrudis , su mujer, vigila la puerta entreabierta de la habitación
de matrimonio.
_Ya viene. Estamos todos.
Cándida llega nerviosa, localiza con la
mirada a Faustino y se queda a su lado escuchándole con atención.
_Bien, conservemos la calma-la mente
creativa de Faustino se pone a funcionar. _Está claro que tenemos que buscar
una estrategia.
Serafina desde su silla de ruedas deja de
hacer repaso a la mesita de noche de Gertrudis, en la que no caben mas botes de
abalorios de colores, e interviene:
_Ya, y ¿qué pueden hacer cinco ancianitos
contra una directora Master en psicogeriatría?
_No se.. hay que estudiar el proyecto-las
pantuflas de Faustino se mueven ahora de un lado a otro con pasos cortos-buscar
sus puntos débiles-se detienen- y .. ¡atacar!
_¡Que bien hablas, cariño!-grita Cándida
aplaudiendo sin quitarle ojo.
Eusebio sigue sentado en la cama
cabizbajo hablando a un manojo de fotos de calabazas en distinto estado de
crecimiento.
_Quedaba tan poco para conseguirlo.. la
había criado como a una hija.
Gertrudis le observa preguntándose de
dónde le vendría a su marido tal afición por las verduras.
_¿Y si votamos?-propone.
Serafina se da media vuelta para ponerse
frente a su amiga impulsando enérgicamente el aro derecho de su silla.
_¿Para qué si estamos todos de acuerdo?
_Gertrudis tiene razón-de nuevo las
pantuflas vuelven a caminar por la habitación a ritmo militar-hay que conseguir
que todos los residentes se pongan de nuestra parte.
En la sala común hay 18 residentes
sentados en círculo y en el centro Rosa, vestida con su uniforme de enfermera sobre
el que destaca un collar de cuentas de colores, sujeta en la mano una pelota.
_A mi me gusta….¡jugar!
La pelota va de las manos de Rosa a las
de Serafina que la recoge con la habilidad de una jugadora de la NBA.
_Que juego mas tonto, Dios.
_¡Venga, Serafina!- le anima Rosa .
_A mi me gusta…ganar al chinchón.
La pelota está a punto de caer de las
manos de Cándida que sorprendida la abraza como si fuese un gatito, busca con
la mirada en el círculo y la lanza diciendo
_A mi me gusta…Faustino.
Faustino la atrapa y le devuelve la
mirada sonriente. Serafina, a su lado, le da un codazo y se acerca para
cuchichear.
_¿Cuando piensas decirle que no eres su
marido?
_Déjala mujer, si le hace ilusión…
En el centro del círculo, Rosa mira el
reloj.
_Faustino, le toca a usted. Díganos, que
es lo que mas le gusta.
Después de hacer un barrido pasando revista
a los diecisiete ancianos que le rodean, cosa que le desanima un poquito,
Faustino consigue recuperar el temple para decir, mirando primero a Rosa ,
antes de lanzar la pelota a Félix:
_A mi me gusta cuidar la huerta y
propongo que votemos.
_Pero, Faustino.. eso es una decisión de
la dirección-le dice Rosa poco convencida.
Félix se pone de pié y empieza a votar la
pelota en el centro del círculo.
_No, Félix. Es una votación : Huerta o
piscina, le aclara Faustino que empieza a pensar que la batalla está perdida.
_ Ahh…pues yo me apunto a la huerta, el
agua para las ranas.
La pelota está ahora en las manos de
Gregoria que se la pasa a Carmelo antes de alejarse del grupo diciendo:
_Lo siento, tengo una urgencia.
Todas las miradas están clavadas ahora en
Carmelo, pasan unos segundos eternos hasta que este pronuncia la palabra temida:
_Piscina.
La pelota vuela ahora hasta las manos de
Bonifacia que apenas puede mover los brazos enfundados en un jersey de cuello
alto, una bata acolchada y un abrigo de paño que se completan con una falda
hasta media pierna, leotardos y unas zapatillas forradas de borreguito.
_Pero, la piscina será de agua calentita
¿no?
Rosa que hasta ahora no había intervenido
por encontrarse en un estado mezcla de sorpresa y miedo a tener que sofocar una
rebelión, le responde mas animada:
_Claro, Boni, a unos 35 grados.
_Entonces, voto piscina.
Faustino se levanta excitado arrebatándole
a Rosa el papel de animadora a la que piensa, no le vendrían nada mal algunas ideas nuevas en su programa.
_Bueno, repasemos la votación a mano
alzada. ¿Votos para la huerta?
Siete manos se levantan a las que se une
la de Cándida unos segundos mas tarde después de recibir un codazo.
_¿Piscina?
La voz de Faustino suena un tono mas bajo
ahora.
Ahora son nueve manos las que se alzan en
el momento en que vuelve Gregoria del baño.
_Solo faltas tú, Gregoria- le suplica
Faustino.
_No me gustan los empates así que voto…
piscina.
Rosa aliviada, se dirige a Faustino que
esta junto a ella en el centro del círculo con la mirada clavada en la pelota.
_Lo siento, mitad mas uno. Gana la piscina.
Compañeros literarios, gracias por la tertulia de ayer. Así da gusto. Siguiendo vuestro consejo, he escrito un capítulo nuevo para el curso basado en experiencia :"Misión Amarte" y publico aquí el que tenía preparado para cuando tengáis tiempo y ganas de leer y criticar . Gracias.
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